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September 26 Sistema métrico emocional
Lo tengo!!
Tengo ya en mis manos desde ayer el poemario de David González López: Sistema métrico emocional.
A él mismo se lo he dicho muchas veces: fue una especie de amor a primera vista. Caí en su blog por absoluta casualidad (en realidad por error) y no pude dejar de leer hasta que agoté todos los poemas que en él encontré, hasta bebérmelos todos y enamorarme sinceramente de algunos.
Inmediatamente descubrí que tras el poema se escondía el poeta, una persona fantástica, sincera, abierta, humana. Un amigo.
Unos meses después, a principios de septiembre y con fantásticas fotografías de Luís Pulgar, Sistema métrico emocional es un hecho tangible, una realidad sobre papel, una colección de sentimientos que, a partir de ahora forma parte de muchos de nosotros. De mí.
Sé que no le importará si incluyo aquí unos de los versos que más me llegaron. Son los tres primeros del poema que da nombre al libro.
Me basta mirarte
para saber que cada parada anterior
conducía a la estación que lleva tu nombre.
Gracias, David. September 24 Publicidad directaCayó ayer en mis manos, me lo enseñó una amiga mientras tomábamos café y no pude evitar sacar el móvil y fotografiarlo.
Es el anverso y reverso de un encendedor de propaganda que regala una funeraria de la provincia. Lo muestro tal cual es, con nombre y teléfono, porque al fin y al cabo hago lo que ellos pretenden: difusión de la empresa y de la idea.
En fin, a caballo entre lo macabro y lo genial (ésta es una tierra surrealista) ahí va:
La traducción es innecesaria, pero por si acaso: "No fumes, podemos esperar"
September 18 InútilSeptember 16 ConfesiónHoy por fin lo he hecho. Lo confieso. A mis años y es la primera vez que lo hago. La mía no sé si es una historia corriente o no. Quizá muchos de ustedes hayan sufrido algo similar, en todo caso es mía y me apetece compartirla. Lo que más me costó aceptar desde la adolescencia es que me daban miedo. Confieso que les rehuía, pero cuando era inevitable , cuando me cruzaba con una de ellas, cuando las tenía frente a mí era incapaz de reaccionar. A lo mejor no era miedo exactamente, pero la reacción era la misma: no sabía qué hacer, hacia donde mirar, me sudaban las manos y creo que incluso tartamudeaba. Jamás toqué, jamás rocé mínimamente a ninguna. Y no, no era una cuestión de aspecto, siempre fui normal, del montón, y ellas…bueno, ellas da igual como fuesen: rubias, castañas, morenas, pequeñas o llamativas. No, no era eso. Eran…”ellas”. Durante casi todo el año conseguía esquivarlas: la ciudad, los estudios primero y luego el trabajo me evitaban su presencia. Vivía y me mantenía lejos de ellas. MUY lejos. Los veranos, sin embargo, eran distintos. Los pasaba en un pueblo de la costa, zona muy turística y que las atraía como la miel a las moscas. Yo salía poco e intentaba ir a lugares no demasiado frecuentados pero no podía tener la certeza de que ellas no eligiesen el mismo bar, el mismo restaurante que yo. Y allí era mucho peor: morenas, exuberantes… En fin, con el tiempo mis ocupaciones me ataron a la ciudad y afortunadamente mi casa, mi lugar de trabajo, los pocos lugares que frecuentaba, estaban libres de su presencia. Aún habiendo llegado a la edad adulta no había conseguido vencer ese efecto que producían en mí y las pocas veces que la asistencia a determinados lugares me obligó a soportarlas, fueron un martirio. Buscaba desesperadamente el modo de salir de allí de inmediato, de evitar el menor contacto…un roce. La mayor parte de la gente no conocía mi secreto y los pocos que lo conocían, me lo dejaban pasar como una más de mis rarezas. Grave, sí, pero rareza al fin y al cabo. Yo era buena gente, amigo de mis amigos y cumplía con todos los compromisos que adquiría e incluso con alguno más que me colgaban, así que nadie daba mayor importancia a ese comportamiento mío que, además, nadie tuvo que presenciar en directo. Al cabo de los años había conseguido disimular bastante bien. Siempre conseguía encontrar alguna excusa: se hacía tarde, no tenía apetito, mil cosas… Todo había seguido bien en mi vida, con relativa tranquilidad hasta hace cosa de poquísimos meses. A mi edificio llegaron un par de familias nuevas, se hicieron cambios, obras, mucho movimiento de escombros y muebles viejos y con todo ello tardé un par de semanas en descubrir que eran familias numerosas. El día que la vi por la escalera no sabía exactamente a qué familia pertenecía, pero sabía que vivía allí, y lo que es peor: Que no iba a irse y que posiblemente coincidiríamos más de una vez. De ahí en adelante, la tortura fue contínua, no había una, eran varias y por mucho que quise evitarlo, por muchos medios que puse, las vi una y otra vez: habitualmente iban solas. Muy pocas, poquísimas veces las vi acompañadas, pero esas pocas veces era con amigas suyas, o familiares, no lo sé ni me importa a estas alturas. Sólo sé que el problema se acentuaba. Y empeoró. Fue hace pocos días, quizá semanas. Llegaba a mi casa y entré saludando desde la puerta, sin saber exactamente quienes o cuantos miembros de mi familia se hallaban en ella. Dejé las llaves sobre la mesa y al levantar la vista, estaba frente a mí. Me miraba, me miraba fijamente, no perdia detalle de cada uno de mis movimientos y yo me sentí como entre rejas. No podía comprender qué hacía en mi casa, ¿cómo había entrado? ¿por qué? Era como todas ellas, como todas las demás. No recuerdo bien su aspecto, tampoco importa mucho, creo recordar que era castaña, pero todo eso daba igual. Estaba allí y yo NO soportaba su presencia. Me enfermaba. Se movió hacia mí y yo salté hacia atrás como si me hubiese expulsado algún tipo de resorte. Sólo pensar en que llegase a tocarme, me producía una intensa sensación de repugnancia, así que hice lo único que mi instinto me dictó. Huí. Salí de la estancia a toda velocidad. Dejó de importarme su presencia, la familia, todo. No, no me juzguen aún. Si ustedes sintiesen una mínima parte de lo que yo sentí, habrían reaccionado del mismo modo. Terror, la palabra era terror. Me importaba muy poco que eso fuese o no lo correcto. Sabía que tenía que haber actuado de otro modo, lo sé aún, pero no podía. Y eso fue mi perdición. Varias veces más ocurrió algo similar. Por algún motivo que desconozco se había vuelto asídua a mi casa, a mi familia, A MI VIDA. Y yo sufría, sufría mucho. Empezaba a perder la razón. Actuaba de un modo extraño, llegaba a mi casa a horas diferentes cada vez y si ella estaba allí, salía de la habitación o el lugar donde estuviese sin decir una sola palabra. Me había vuelto un ser extraño en mi propio hogar y seguía sin ser capaz de actuar, sin tener el valor de decirle una sola palabra, de…echarla de mi casa. Y hoy…bueno, supongo que en todo humano, por cobarde que sea, queda un rastro de valentía. Quizá sea simplemente instinto de supervivencia. El caso es que hoy he llegado a casa y una vez más ella estaba allí, mirándome con una expresión de sorna a la que casi había llegado a acostumbrarme: la expresión del que sabe que ha ganado, del que se enfrente a un ser más débil. Y eso ha sido suficiente. Por una vez, por una sola vez en mi vida. Por primera y posiblemente última vez, he reaccionado. En un movimiento veloz me he agachado y he abierto el armario bajo de la cocina, el que está junto al fregadero. Allí estaba, jamás lo había usado y creí que nunca lo usaría, pero era el momento: todo el miedo, todo el horror, todo el odio acumulado durante años y años acababa de revolverse dentro de mí y me daba fuerzas para lo que iba a hacer. No he dudado ni un segundo: con decisión, casi con frialdad, he quitado la tapa que cubría el envase, lo he dirigido hacia ella y una espuma blanca y de olor penetrante ha cubierto totalmente a la maldita cucaracha. Dos segundos más tarde estaba muerta, frita, kaputt y yo sonreía feroz, triunfante…libre por fin. Acortando distancias...Ven a radio madrugada
si estás sola en la ciudad
sin moverte de tu habitación,
conectando en la frecuencia
de las voces de la noche,
ponte el mundo de almohada
te sentirás mejor.
No estás sola, alguien te ama en la ciudad
No estás sola, te queremos confortar
sal al aire, cuéntanos de lo que vas.
La noche es así niña
no olvides sonreír
que mañana empiezas a vivir.
La nana de la luna llena
tocaremos para ti,
y en tu cama el sueño bailará
flotará entre confidencias,
entre anónimas descargas
ven a radio madrugada
te sentirás mejor.
No estás sola, alguien te ama en la ciudad
no tengas miedo, que la alborada llegará.
No estás sola, te queremos confortar
sal al aire, cuéntanos de lo que vas.
La noche es así niña
no olvides sonreír
que mañana empiezas a vivir. Miguel Ríos, "No estás sola". Suena así... September 06 CalmaA menudo me pregunto en qué pensaba exactamente o como se sentía un determinado autor en el momento de escribir un poema, una canción. Hoy recuerdo un tema de Manolo García, y no sé cómo se sentía él al componerlo, pero sí que comparto la mayor parte de sus palabras: "Te confieso que no atino a encontrar la calma. Nada ansío más y es lo que menos tengo."
Y la busco, sinceramente la busco. Me refugio en momentos, en pequeños instantes como éste, en un día gris, cansado, complicado. Un día en el que las leyes de Murphy (maldito manipulador) se cumplen inexorablemente, sobre todo aquella que dice que no hay situación tan mala que no sea susceptible de empeorar.
Ahora estoy agazapada en uno de esos instantes, escondida del resto del día. He robado unos minutos al tiempo y me he sentado en el jardín, bajo el toldo, oyendo como llueve sin piedad. Hace calor, mucho calor y el olor a tierra mojada se levanta como vapor, pero me gusta. Me recuerda a mis veranos de cuando era niña: empezaba a llover y corría hacia la playa a sentarme en la arena. Todo olía distinto: el aire, el mar, la propia arena. Cuando llovía desaparecía esa odiosa mezcla de desodorantes, champús, sudor y crema bronceadora y sólo olía a sal, a yodo, a humedad fresca.
Aquí el olor es distinto, no hay sal ni yodo, sino el cloro de una piscina, pero sin embargo el aroma de la tierra viva se mezcla con el de los rosales, las buganvillas y mil plantas más que mi madre cultiva en su patio y que yo he sido incapaz de distinguir en toda mi vida. Tampoco hay oleaje pero puedo distiguir la caída de cada gota sobre el toldo o en la quieta superficie del agua. El resto es silencio, tranquilidad.
Y sí, a lo mejor, calma.
Y como el hilo de Ariadna, me dejo llevar por el olor y el sonido de la lluvia. Ya no veo el mismo paisaje: ahora es de noche, una calle oscura, antigua. De una ciudad más antigua que el tiempo. Más inmortal que el mar que la rodea.
Aquí no hay toldos, no hay cobijo para el agua que me empapa, que adhiere el pelo a mi cara. Pero no me importa, espero ese agua, siento sed en la piel y levanto el rostro para saciarme.
Y vuelven otras frases de la misma canción: "Dame descanso como quien da un refresco. Tu mirada vuela. Vuela, calma, vuela. En las calles es una flecha que alivia el tiempo de los poetas."
Y ahora sí...llega la calma.
September 04 A peine défiguréeAdieu tristesse. Tu n’es pas tout à fait la misère, Bonjour tristesse. Paul ELUARD (1895-1955) - La vie immédiate September 03 Acoxonada me halloTitular de El País:
Bush dice que McCain es el hombre adecuado para evitar otro 11-S
Y puede leerse:
En referencia a su apoyo al aumento de tropas, Bush ha argumentado que algunos le dijeron que esa postura "pondría en peligro su campaña electoral, pero él contestó que "prefería perder unas elecciones que una guerra". "Ese es el tipo de valentía y visión que necesitamos de nuestro próximo comandante en jefe", agregó.
Po fueno, po fale, po mu bien, po malegro (Ivà, lo que habrías disfrutado...)
Visto que aún queda tiempo antes de las elecciones y yo tengo todavía unos días libres antes de empezar las clases, voy a elaborar una lista con las cosas que me quedan por hacer en la vida y a llevarlas a cabo in-me-dia-ta-men-te por si los yankilandeses vuelven a demostrar la panda de descerebrados que son y el humilde Sr. McCain gana las elecciones. Que Dios, Alá, Jehova y el mismísimo Manitú nos pillen confesaos!!
John McCain con expresión beatífica. September 01 MundodiscoLos frikis nos expandemos. Es un hecho.
Tras años de navegar de librería en librería persiguiendo las ediciones (nuevas o de segunda mano) de cualquiera de las 36 novelas escritas por Terry Pratchett desde su El color de la magia, escrito en 1983 (creo que en español andamos por las 28 o 29 editadas, ya lo buscaré en la Wiki) ahora la editorial Altaya ha decidido publicarlos de nuevo en forma de colección. Es septiembre, ya se sabe ¿verdad, Anyi? (qué razón tienes, puñetera, y cuantas veces he comentado lo mismo)
Recuerdo a mi amigo Josep, fiel seguidor del autor y mi suministrador oficial, llamándome al móvil: "esta mañana he estado en BCN en una feria del libro y he encontrado Soul Music, luego se lo doy a mi hija para que se lo dé a la tuya". Nuestras enanitas van juntas al cole desde que tenían 3 años y han acarreado esas novelas dos docenas de veces en sus mochilas de una casa a la otra. Creo que jamás leerán nada del autor, por puro hastío.
En fin, a lo que iba: como friki oficial, siempre me han gustado -entre mil cosas más- los relatos de fantasía épica. Recuerdo que leí El Señor de los Anillos cuando tenía unos 17 años y desde entonces cae cada año como una especie de ritual. Él y toda la producción de Tolkien, así, de un tirón. Tras él aparecieron una serie de autores de los que un par o tres se salvan con cierta elegancia: Michael Morcock, Ursula K.LeGuin, Tanith Lee e incluso, apurando mucho, Margaret Weiss y Tracy Highman, creadores de la Dragonlance.
El resto es puro oportunismo mezclado con una falta de imaginación de proporciones cataclísmicas, sin embargo Terry Pratchett camina en una línea paralela a los mejores, pero sin tocarse nunca, ya que él cultiva el género desde una perspectiva distinta: la del sarcasmo, el humor, la ironía y la pura mala leche. La mayoría de sus relatos son en cierto modo parodias del género o de sus personajes tópicos, vistos desde una óptica idónea para destilar vinagre, en la que se mezcla política y una visión de la sociedad tal como es. O sea, nauseabunda.
Le he visto/leído poner la pica en creencias, religiones, intocables como el Fausto y en cada ocasión me he desternillado y sorprendido ante la inteligencia de este señor que, encima, tiene el detalle de vivir en Salisbury, cerquita, cerquita de Stonehenge. La nota triste la puso su anuncio de que padece el inicio de una extraña forma de Alzheimer, pero sigue siendo autor prolífico y galardonado con la Orden del Imperio Británico por su contribución a la literatura.
Resumiendo, que visto que no tengo toda su obra (hombre, si sumamos los libros de Josep y los míos, sí, y siempre andan los del uno en casa del otro, pero no es eso...) por primera vez en mi vida y, que quede claro, SIN QUE SIRVA DE PRECEDENTE, voy a suscribirme a una colección (espero que no me los roben del buzón como me pasaba con el National Geographic) He comprado esta mañana el primer número para ver que pinta tenía y es exactamente la misma edición de los títulos que he leído.
Os cuento todo esto para que si, más adelante os enteráis de que me suscribo a los fascículos de Punto de Cruz o a la colección de Rosarios de la Abuela, o de Abanicos Decorados con Grandes Obras de la Pintura (he visto -lo juro- uno decorado con "El beso" de Klimt y aún me duelen los ojos) me deis una colleja y me recordéis que en este caso estaba justificado.
Y aquí tenéis una prueba de ello:
Citas de Terry Pratchett:
De sus novelas:
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