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日志


2月27日

Ventana

"
La vida no se mide por las veces que respiras,
sino por los momentos que te dejan sin aliento.
 
 
2月23日

La Hora Bruja

Hace exactamente un año nació entre mis teclas y mis dedos otro blog: La Hora Bruja.
En ese lugar viven única y exclusivamente los poemas que he ido escribiendo en los últimos tiempos. No hay opiniones, no hay apenas fotos...ni siquiera me meto con nadie! Es un rincón muy distinto a éste, pero no dejo de ser yo misma, otro trocito de "yo"
Por ese motivo, por ser algo tan personal, tan reducido, tan...¿"privado"? no quise darle ninguna publicidad. Alguien me dió la idea de dejarlo ahí, suelto, libre, como un mensaje en una botella esperando que alguien lo leyese.
Algunos de vosotros, muy pocos, lo encontrásteis casi por casualidad, a otros poquísimos yo misma os di la dirección pero seguí sin querer "imponerlo" como visita obligada para nadie. En el fondo, muchos de mis poemas están también aquí, así que no era necesario.
De eso, como digo, hace un año.
Hoy me apetece abrir sus puertas simplemente para que sepáis que hay otra casa de Kit, otra VUESTRA casa. De todos.
Sed bienvenidos a
2月22日

Génesis

Desde siempre he querido ser algo grande. Más que grande, algo sonado. Algo que llamase mucho la atención y que me tuviese en portadas y televisiones de todo tipo.
De pequeñita, cuando me preguntaban “¿y tú qué quieres ser de mayor, guapa?” yo siempre contestaba que quería ser ministro. De verdad, a mí me parecía que esos señores tan serios que salían tanto por la tele y que se codeaban con jefes de gobierno, príncipes y demás jerarquías, debían ser MUY importantes, aunque en realidad yo no tenía ni pajolera idea de a qué se dedicaban. De hecho, su labor específica me importaba un bledo. Yo, santa inocencia, creía que mandaban y eso era suficiente para mis ambiciones.
Más adelante, siendo ya una jovencita y perdida la inocencia política al enterarme de la labor real de los ministros, me dio mucho repelús la idea y decidí buscar otro modo de hacerme famosa: “El arte” pensé. Lo mío era el arte. 
Tuve, he tenido, tengo aún etapas de todo tipo de manifestaciones artísticas: pictóricas, escultóricas, musicales, teatrales, publicitarias, literarias…en fin, todas las ramas habidas y por haber en el árbol creativo.
De resultas de mis incursiones en cada uno de esos mundillos, mi casa parece el museo de los horrores. Es lo que tienen las madres, que hagas lo que hagas (y como lo hagas) lo guardan todo: tiznotes sobre papel y tela, cachivaches informes de arcilla y peñascos varios, carteles con botellas imposibles, cintas llenas de gorgoritos y llegué a deleitar a todos mis amigos (ninguno me habla ya) con la lectura de mis poemas de amor y odio.
En fin, un éxito.
Bien, sucedió que una noche estaba escribiendo en mi diario, anotando mis tristes escarceos con la cosa de la fama cuando se me ocurrió una cosa que aún no había probado y en lo que creí tener cierta práctica, no en vano llevaba desde los ocho años escribiendo en mi diario todas las noches. “Voy a ser escritora” me dije. Así, con un par y sin ningún rubor por mi parte.
Tenía claro, es cierto, que hoy en día los escritores no se comen un rosco debido al bajo nivel de adquisiciones literarias por parte del público en general, pero no era menos cierto que el que es capaz de vender más de ocho o diez ejemplares, se hace lo suficientemente conocido como para salir en cualquier tertulia infame de la tele  que era, al fin y al cabo, lo que yo andaba buscando. A todo esto, con el añadido de revestirme de un cierto lustrecillo de persona culta, cosa que no hubiese logrado con mis chillidos musicales, y de persona de mundo, que no hubiera logrado siendo pintora o escultora, que ya se sabe que no les conoce ni dios a no ser que decoren cúpulas o que sean tan escandalosamente provocativos que llamen la atención sin coger un pincel y a mí , la verdad, no me apetecían según qué trotes. Aparte de eso, no me veía yo en una tertulia televisiva vestida con falda de cretona, capazo de paja, sandalias de cuero, un jersey de ochos de lana hasta en verano ysiete tallas más grandes, dos docenas de  rastas y un racimo de uvas en cada oreja.
Que no, me dije. A escribir y por lo serio. Total, probar no cuesta nada. A lo sumo unos paquetes de folios y dos o tres cintas para la máquina de escribir. Una inversión sensiblemente inferior a las que tuve que realizar en mis anteriores saltos a la fama. Y además, quién sabe, lo mismo no me dan un sillón en la Real Academia, pero me ofrecen un taburete en alguna biblioteca de postín. Nada, nada, al tajo: a escribir.
Ahí empezaron mis problemas de verdad.  Servidora, aparte de los utensilios habituales al efecto como son lápiz, bolígrafo o pluma, no sabía utilizar más que la máquina de escribir que tenía mi padre y que perteneció, en vida, a mi pobre abuelo, así que me encontré de pronto con que si quería obtener una cierta imagen de modernidad  -cosa deseable en cualquier escritor que se precie- debía utilizar una máquina de escribir eléctrica con sus correctores y tal, o lo que es peor: un ordenador, instrumentos ambos de los que desconocía totalmente no sólo su manejo, sino su meollo, naturaleza y justito, justito, su existencia.
Bien, por si acaso, tiré por lo sencillo, ampliamente aconsejada por otros inútiles como yo y adquirí una máquina de escribir modernísima, con lo que aparte de tener que realizar una inversión inesperada, sufrí las más amargas horas de mi vida. Todos esos años utilizando líquido corrector para disimular mis múltiples meteduras de pata y, fíjate tú por donde, el cacharrito aquél tenía una teclita que borraba la letra esa que siempre se mete en medio de dos palabras, eliminando antiestéticamente los espacios en blanco. Maravillas de la técnica, pensé yo, pero ¡Ay! nunca acertaba: o borraba lo que no era, o se me iba la mano y eliminaba toda la palabra y aún a veces, media frase.
Tenía también el aparato tal cantidad de códigos secretos que más parecía un jeroglífico egípcio: que si CODIGO+C=CENTRADO, CODIGO+S=SUBRAYADO, que si resituar, que si tabulador decimal, que si cuernos. Semanas enteras tardé en familiarizarme un poco con el uso de la maldita máquina y a todo esto sin escribir una triste línea, hasta que un día –harta ya de destrozar papel en DEMOS y pruebas de escritura- me encontré por fin lo suficientemente ducha en el tema como para ponerme a escribir lo que, sin duda, sería una gran novela…o cuento, o biografía o…¿qué?
Diantre, en eso no había pensado. Sí, iba a ser escritora, pero ¿sobre qué iba a escribir?
Como se verá, la vida del artista que se hace es complicadísima. La del que nace, no porque ya desde jovencito dice: “cuando sea mayor seré pintor” y desde ese momento pinta, ensaya mezclas de color, hace bocetos y va a todas partes con el bloc de dibujo haciendo apuntes del natural, con lo que adquiere la soltura necesaria para, llegado el momento, lanzarse a la consecución de su gran obra. Y ese día sabe perfectamente lo que quiere pintar. Se dice el hombre: “voy a plasmar lo efímero de la vida” por ejemplo, y dibuja un puñado de relojes totalmente espachurrados y hale, a ser famoso. Como se lo cuento, oigan, que a un paisano mío le fue así la cosa.
La existencia del artista prefabricado como yo es bastante más arrastrada porque se sufren grandes tensiones intentando decidir en qué rama del árbol creativo nos vamos a especializar, y una vez subidos a ella, se sufre más aún –si cabe- al no saber cómo empezar a deshojarla (para coger práctica, me he permitido esta pequeña licencia poética, reminiscencia de mis épocas anteriores)
A lo hecho, pecho, me dije. ¿No quieres ser escritora? Pues a escribir. Y empecé.
Al principio probé con lo que a mí me parecía más fácil: los cuentos infantiles, pero ¡Ay, amiga! Los niños son pequeños, pero no son tontos. Las tres o cuatro historias que escribí las leí y releí incesantemente a mis sobrinitos y otras víctimas propiciatorias del barrio y a la segunda o tercera vez sólo me prestaban atención  previo soborno de bolsa de chuches y batido de chocolate y a partir de la cuarta, ni sobornándoles. Quedaba así patente mi incapacidad para atraer y entretener con mis cuentos a los representantes bajitos de la raza humana que, al fin y al cabo, eran los destinatarios iniciales.
Muy bien, ellos se lo pierden. Escribiré una novela.
Y casi, casi, se podría decir que sólo mentí un poquito: no escribí una novela, empecé diecisiete.
Era relativamente fácil hacer un planteamiento inicial, e incluso dibujar los perfiles de unos personajes pero de ahí no pasaba nunca.
A grandes rasgos, la cosa iba así: Imaginaba un detective, una rubia de bote, un asesino, un cadáver y un periodista sin coartada y a partir de ahí, para de contar. Ése era el fin de mi incursión en el género policiaco.
Y así sucedía con todas mis otras novelas, cámbiense los personajes por princesas, prostitutas, huerfanitos, guerreros, políticos, médicos o vampiros dependiendo del género novelístico que pretendía abordar. Normalmente a los ocho o diez folios, cuando alguien había cometido ya un asesinato, o puesto un cuerno o perdido un padre, se me acababan los argumentos. Y las novelas.
Realicé una última prueba con un género que me pareció relativamente sencillo: la novela biográfica. Se supone que tienes que imaginar poco porque el personaje existe o ha existido y hay otras referencias biográficas a las que acudir (viene a ser como copiar en un examen) y tiene la ventaja añadida de que si hay algo sobre el personaje que desconoces, pues te lo inventas y listos.
¡Sí, sí, listos!  Una demanda judicial por calumnias y deterioro de imagen me costó la broma, porque fui tan boba que en vez de escoger a alguien que estuviera criando malvas desde un siglo antes, se me ocurrió novelar la vida y milagros de cierta famosa señora cuyo nombre no voy a decir, no por miedo a las represalias, sino porque no me da la gana de hacerle más publicidad. Bastante se hizo ya ella misma cuando me denunció. Y eso que el libro jamás se publicó (ni terminó, claro) pero en una de las lecturas previas de algunos capítulos ante un cerrado círculo de amistades (más suyas que mías, por lo que se vio después) alguien se fue de la lengua, la señora se enteró de mis intenciones y ahí terminó mi carrera de biógrafa. Y encima, la tía se cuidó muy mucho de que mi nombre no apareciese en ninguna publicación. Eso sí, el suyo salía con letras de palmo. O sea, que tampoco pude asistir a ninguna tertulia televisiva ni siquiera en calidad de acusada de difamación.
Tras todos estos fracasos, decidí que lo mejor sería volver a la idea original. Me explico: el arranque de escribir me dio gracias a mi diario. Pues bien, pensé en escribir una especie de diario, comentando la actualidad y el día a día de mi vida. Y sobre todo, detallando el rasgo más visible de mi personalidad, ya que dicen que los escritores buenos son los de carácter.
Y como me consta que jamás, nadie me va a publicar nada ni voy a salir en teles ni radios pues, me voy a autopromocionar yo sola, así que…me compré un ordenador y empecé este blog.
 
 

Kit, a 22 de febrero de 2009 y con alguna que otra licencia autobiográfica.

2月21日

Tarde plácida y...


No es pereza.
Es abandono, hijo
de la quietud exacta
del momento.
De la calma serena
que evapora sueños
e historias.
Del dulce instante
que evoca recuerdos
no vividos.
No es silencio.
Es el extracto invisible
de la luz dorada
de la tarde.
El aroma del vuelo
reposado y voluptuoso
de las nubes.
El tacto cálido del aire
que recorre la piel
y la eriza.
No es reposo.
Es el deseo adormecido
que obedece la tregua
y espera.
El rumor del latido
sosegado que traspasa
cada vena.
 
Porque sigo admirando la creación de Lord Frederick Leighton:
La belleza de Flaming June (enlace)
 
2月20日

Sin más comentarios...

La foto:
 
 
¿De qué hablaban?
 
Doña Espe:    ¿Tiene o no tiene mérito lo mío? Lo bien que me sienta la rebequita ésta. A mi edad y sin cirugía.
 
El Vicepre:     Auténticas las dos ¿eh? no se vayan a creer. Me consta. ¡Las dos!
2月14日

Diálogo para besugos

 
Ayer, en uno de mis respuestas a los comentarios de la última entrada -la del Santoral- y hablando de cine, hice mención a un diálogo genial que tiene lugar al principio de la película "Dentro del Laberinto".  Pues bien, hoy he comprobado que esa "besuguez" puede sublimarse hasta límites insospechados, verbi gratia:
A media tarde he entrado en la segunda o tercera juguetería a la que me acercaba buscando una maqueta para montar algún barco bonito, un pesquero o un velero, no sé. En las primeras no tenían nada que no fuese demasiado infantil y no procede porque quiero algo un poco serio, para regalárselo a mi papi. En esta última:
 
- Buenas tardes. Mire, estoy buscando un kit en madera para construir una maqueta de un barco.
- Mmmm... Huy, pues lo siento, pero de guerra ya no tengo nada, ni de juegos de rol, sólo me quedan barcos, si quiere ver alguno...
 
 
2月13日

Santoral

Como NO me sale de las narices celebrar (ni felicitar, claro) algo tan absurdo como San Valentín y además, siempre he sido ecuánime y justa con los desfavorecidos, he estado repasando el santoral para ver si encuentro un santo alternativo para la jornada.
Sí, hoy viernes 13 hay uno evidente: Jason, con su máscara y tal,  pero no sé si vale, se supone que es mañana lo de las celebraciones. Y además a ése no le veo yo ni virgen ni mártir.
A ver qué tenemos por aquí:
 
-Santos Vital, Película y Zenón, mártires romanos. (Aquí, aquí...estos molan: Un santo Vital y marchoso y otro patrono del séptimo arte, sisis)
-San Valentín, mártir  (¿Otro? ¿Van a pares? PASO)
-Santos Próculo, Efebo y Apolanio  (El primero me da muy mal rollo, sólo falta que confundamos el orden de las letras, y el Efebo...habría que ver si es verdad, eso dicen todos. PASO)
-Beato Conrado de Baviera. ( Ni ha llegado a santo, PASANDO)
-Santa Lucia de los Ángeles (Me suena a  protagonista de culebrón, PASO)
 
Definitivamente y vista la escasez de "felicitables" me quedo con San Vital y San Película (¿quién sería el buen señor?)
La verdad es que ambos deberían ser fiesta mayor todo el año, así que mis mejores deseos desde aquí a todos aquellos con verdaderas ansias por vivir y a los que en algún momento se han sentido vivos con una película.
Y para empezar a brindar y de paso alejarme del tema de las efemérides,  algunas de las mías:
 
Blade Runner
Alguien voló sobre el nido del cuco
La carta final
2001 una odisea en el espacio
Fahrenheit 451
Casablanca
1984
Apocalypse Now
Cowboy de medianoche
Zelig
La naranja mecánica
Amadeus
The jazz singer
Pulp Fiction
Metrópolis
Ultimátum a la tierra (la de 1951, eh?)
Terciopelo azul
El gatopardo
Muerte en Venecia
El club de la lucha
La vida es bella
El tercer hombre
Matrix
Amélie
Tres colores: azul
Cielo sobre Berlín
 
Y me dejo como seis docenas que ahora mismo no recuerdo, pero las que están, son.
 

Una aportación

 Esta vez es de mi admirado "colega" y sin embargo amigo, Francisco. Garabito para los otros amigos.

La verdad es que siempre me ha gustado leerle, antes en algún foro en el que ambos presentábamos batalla contra todo lo que se movía (y se movían cosas, eh?) y luego en su blog: ÉSTE.
Reconozco que esa complicidad ha sido siempre recíproca y en prueba de ello, hoy me ha traído algo que quiero (con su permiso) compartir. Podéis leerlo aquí en versión "luzazulada" o tomarlo en versión original en su ubicación original, da lo mismo, el caso es que lo toméis. Eso sí, despacito y saboreando.
Gracias y un placer, amigo mío (y un achuchón, ahora que nadie nos mira)
 
 
 
"Enciende un cigarrillo y lo apaga enseguida. Nada más apagarlo lo vuelve a encender expulsando una gran cantidad de humo por la boca. Da otra calada, retiene el humo unos segundos en el interior de los pulmones y luego lo exhala lentamente, espeso, húmedo, enervante, tan enervante que decide apagarlo de nuevo, con mimo sobre el cenicero. Lo va a encender otra vez transcurridos unos minutos. Le asaltan dudas, tiene que fijar la atención en otra parte, sale afuera, sale afuera porque estaba dentro, no habíamos dicho que estuviera adentro, pero estaba adentro apagando y encendiendo el cigarrillo y ahora ya está afuera con el cigarrillo apagado entre los dedos con la intención de volver a encenderlo en breve. Nos da lo mismo. Hasta aquí nos conducen estas situaciones absurdas. Ahora el pensamiento, no menos absurdo. Piensa que dentro no había nada, que dentro estaba él y estaba solo y no había nada más, acaso sólo esa obscuridad impenetrable a la que no tiene miedo. Aquí fuera, se dice, tampoco hay nada, aparte del ruido y los zumbidos del ruido, aunque algunos mirlos lanzan sus silbidos y suenan agradablemente. Sospecha, no obstante, que el ruido no es algo material, por molesto que pueda llegar a ser, por compañía que nos pueda hacer. Así que decide que está igualmente solo, y nosotros decidimos que está igualmente solo una vez en la calle, en esa intemperie sobrecogedora. También nos aplasta la sensación de negrura  una vez nos fijamos, pese a ser de día, aunque de eso no podemos estar completamente seguros. De todos modos, le vemos encender de nuevo el maltrecho cigarrillo, que no llega a ser colilla, lo enciende, lo trata con naturalidad, parece que ahora lo apurará como hace todo el mundo. Sabemos, y lo sabemos bien, que él está en contra de todo el mundo, le cuesta seguir los pasos de todo el mundo, si pudiese, dejaría de respirar porque tiene pruebas irrefutables de que todo el mundo respira, todo lo que se mueve respira, y eso lo desilusiona bastante. Da lo mismo. Tenemos que creer que seguirá respirando durante algunos años más, tenemos razones y hasta sinrazones para creer eso, y hasta pruebas, porque una vez lo oímos gemir mientras dormía, acción que detesta como la que más, acción que sabe por noticias fiables hacen los seres humanos con diaria frecuencia, decíamos que lo oímos gemir y nos acercamos con sigilo a escuchar, y escuchamos que decía que iba a completarse en unos años. No sabemos cómo irá a completarse, pero sí que esa tarea, ingente imaginamos, descomunal o ciclópea, le costará varios años de respirar, de dormir, de comer, incluso de fumar cigarros. Esto parece claro. O eso parece palmario, por usar una de sus palabras. También escuchamos que dijo, ella me quiere. Luego un graznido, algunos pensamos que como un estertor, y, me necesita. Tal vez deliraba. Pero prosigamos, no conviene perder el hilo conductor, como nos ocurre a menudo y sin motivo alguno, por dios sabe qué defecto de la cabeza, decíamos, que nos lleva hasta el atormentado fumador que enciende y apaga el pitillo una vez y otra y sale y entra una y otra vez desde una obscuridad a otra, porque no habíamos narrado aún al intrépido lector que el sujeto regresó adentro, sin saber el porqué, sin tino alguno, advertimos. Admitimos que nosotros mismos nos hallamos confundidos y sin saber a qué atenernos, es más, apenas podemos discernir entre lo que es narrable y aceptable de lo que vemos y oímos de lo que no, y eso nos pone a cavilar, con lo que cavilando perdemos a veces el norte, cuando no, al mismo protagonista de esta ridícula historia. Si se cansa el lector, es decir, si el lector deja de ser intrépido, puede dejarlo aquí, sin mayor problema, hasta sería aconsejable que lo dejara aquí, pues lo que deviene no es mucho más sustantivo, y consiste en lo mismo, un señor sin sombrero que maneja un cigarrillo y un mechero, que entra y sale de un sitio al parecer obscuro y que sale y entra a otro más grande, parece que pura intemperie, obscuro también, sin fiabilidad por otro lado de esta última obscuridad, pues hay quien sostiene que es de día, que luce el sol y que los ruidos son los propios de una actividad humana diurna. Todo parece confuso, hasta para nosotros, que pretendemos alzarnos a la más absoluta omnisciencia. A veces nos llevamos mal por no coincidir. Los distingos nos conducen por vericuetos espinosos. Ponemos reparos a todo, no crea el lector, si aún sigue ahí, y no con muchas sutilezas. Ha habido hasta bofetadas. Resulta extremadamente dificultoso coincidir, y eso nos apena algunas tardes. Otras no. En cierta ocasión, le oímos decir, el cielo es estrecho. Y giró la cabeza de forma que su mirada oblicua atravesara una abertura angosta y enmugrecida semejante a una ventana medianera. Nos echamos a reír como locos. ¡Cuánta razón tenía! Sabemos que vive en un vacío opaco y dice cosas monumentales que no encuentran eco más allá de nuestros oídos. Por eso nos damos a escribir esto, no sin esfuerzo, para que trascienda más allá y alguien se decida de una vez a actuar y nos aniquile. Pero no confiamos en tener demasiado éxito. Estamos en la firme creencia de la inutilidad de todo, y sabemos que se escribe demasiado en estos días ingratos, y que apenas se sabe discernir entre lo bueno y lo malo, y la gente tiene una educación basta. La exquisitez ha desaparecido. La prueba es este individuo que se desgarrada la garganta a cada momento encendiendo pitillos apagados, lo cual es mucho más nocivo que encenderlos inmaculados. Creemos que lo hace con toda intención. Sale ahora mismo al exterior otra vez, meneando la consabida cabeza que antes giró para comunicarnos ese axioma sobre el cielo, enciende y apaga el cansado cigarro con una rapidez enfermiza y en menos de lo que hemos tardado en escribir esto ha dado un giro de trescientos sesenta grados y ha introducido su envenenado cuerpo en este aterrador interior. Nos hemos quedado pasmados. Y eso que es algo que repite con una frecuencia inusitada, lector. Bah, ya no estarás ahí. Nos cansa  a los escritores, que somos excelentes narcisos y eficaces cretinos, que nos abandonen así, de esta forma tan insolente. Nadie siente curiosidad por saber el final trágico de una vida. De esta vida. Una vida empantanada en una calma occisa. "
2月9日

Fue belleza...

Hoy ya no llueve en las calles
empedradas junto al puerto,
es sólo agua que cae
mísera, absurda, sin freno.P9060763
Ya no reflejan las gotas
la luz de cada farola,
convirtiendo en charol negro
los viejos tejados del pueblo.
Hoy ya no apaga mi  sed
bebiéndola mientras me moja,
ni ofrezco la cara al cielo
para recibir su beso.
Ya no sé observar la lluvia
mirando a través de otros ojos,
ya no esconde la poesía
del vaho tras los cristales.
Sobre el bosque de paraguas
dejando un paisaje roto,
mísera, apresurada y fría,
ya sólo es agua que cae.
2月3日

Perdut en la ciutat

 
Alguna vez os he contado ya que tengo una cuñá que vale un imperio y que de vez en cuando se me descuelga con regalos de esos que sólo ella sabe hacerme porque sabe de qué modo los valoro.
Hace pocos días me apareció con un sobre que contenía un papelito escrito de su puño y letra: "Vale por una butaca de fila 1 para el concierto de Joan Manuel Serrat el 1 de Mayo"
Uuff, ufff, ufff...la última vez (y la penúltima) que vi a Joan Manuel también iba con ella, también en fila uno y en esa última ocasión, el 3 de Mayo del 2007,  acababa de presentar el que -hasta hoy- es su último disco: Mô. Una delicia.
Hoy, día lluvioso como ayer, como anteayer, como el anterior... Un día de esos que los sufridos mediterráneos no sabemos vivir. 
Esos días en los que nos ahogamos bajo un cielo gris y plomizo mientras respiramos humedad, acostumbrados como estamos al sol, al viento, a mirar hacia arriba y que nuestra cúpula particular sea única y exclusivamente azul brillante.
Uno de esos días, en fin, en que se viste de gris incluso el alma, que se calan los huesos de bruma y en los que conducir por la ciudad habitada sólo por paraguas oscuros nos hace sentir perdidos, desorientados en un paisaje extraño, ajeno... Hoy, digo, he aprovechado los semáforos para buscar ese disco entre los muchos que llevo en el coche: Ha sonado "Mô", luego "El teu àngel de la guarda" y en tercer lugar la que es una de mis canciones favoritas de ese disco y que por un momento -el ambiente, el paisaje- me ha llenado hasta obligarme a repetir su reproducción tres veces más y después directamente sacar el disco del lector para no volver a pulsar el botón de nuevo y casi complusivamente.
De eso hace ya casi una hora y ahora mismo me ha apetecido otra vez. Pero en esta ocasión no quiero guardármela sólo para mí. Se llama "Perdut en la ciutat" (Perdido en la ciudad)
 
 
 

Deixares el mas sense acomiadar-te de ningú   
i des de llavors mai més no hem sabut res de tu
Em va dir la dona
del de la tafona,
que per Barcelona
vas fent.
I baixí a trobar-te
cansat d'esperar-te
i d'escriure cartes
al vent.
Infructuosament busco els teus ulls blaus per tot arreu.
De remenar la ciutat, en trec un mal de peus.
No sé, ho pots ben creure, si caminar o seure. Per més que et vull veure
no et veig.
Als de la muntanya
la ciutat estranya
ens causa migranya
i mareig.
Ep... Sóc jo.
Que no em sents...?
Perdut en la ciutat,
només vull saber si estàs bé.
Si t'agrada el mar.
Ep... Sóc jo.
Que no em sents...?
Què he de fer amb el gat
que amb les presses vas deixar-te,
com a mi, oblidat?
Engego coloms missatgers però perden el rumb.
Encenc un foc al terrat i faig senyals de fum.
Però un cop d'oratge
barreja el llenguatge
i escampa el missatge
pel cel.
Cruel la fortuna
bufa i se'n riu, d'una
rescatada lluna
de mel.
Omplo una ampolla amb versos d'amor i dol per tu
i la llanço al mar pregant l'ajuda de Neptú
però una ona fera
l'esclafa amb fal-lera
contra l'escullera
del moll
i veig com naufraga
una altra vegada
l'esperança errada
del foll.
Ep... Sóc jo.
Que no em sents...?
Perdut en la ciutat,
només vull saber si estàs bé.
Si t'agrada el mar.
Ep... Sóc jo.
Que no em sents...?
Què he de fer amb el gat
que amb les presses vas deixar-te,
com a mi, oblidat?
Demà de matí, vençuts, tornarem el gat i jo
on les gallines no ponen i les geranis no fan flor.
On sense alegria
em troben els dies
mirant-me la via
del tren.
Em dol, a la butxaca,
la foto, tan maca,
de tu, jo, la vaca
i el nen.
Ep... Sóc jo.
Que no em sents...?
No em sents...?
No em sents...?
     
Dejaste la masía sin despedirte de nadie
y desde entonces no hemos vuelto a saber de ti.
Me dijo la mujer
del de la almazara
que por Barcelona
vas tirando.
Y bajé a buscarte
cansado de esperarte
y de escribir cartas
al viento.
Infructuosamente busco tus ojos azules por todas partes.
Revolver la  ciudad me da dolor de pies.
No sé, puedes creerme, si andar o sentarme.
Por más que deseo verte
no te veo
A los de la montaña
la ciudad extraña
nos causa migraña
y mareo.
Eh... Soy yo
¿No me oyes...?
Perdido en la ciudad,
sólo quiero saber si estás bien.
Si te gusta el mar.
Eh... Soy yo
¿No me oyes...?
¿Qué tengo que hacer con el gato
que con las prisas te dejaste,
como a mí, olvidado?
Suelto palomas mensajeras pero pierden el rumbo.
Enciendo un fuego en la azotea y hago señales de humo.
Pero un golpe de viento
revuelve el lenguaje
y desperdiga el mensaje
por el cielo.
Cruel la fortuna
sopla y se ríe de una
rescatada luna de miel.
Lleno una botella de versos de amor y duelo por ti
y la lanzo al mar rogando la ayuda de Neptuno
pero una ola fiera
la rompe con ansia
contra el rompeolas
del muelle
y veo como naufraga
otra vez
la esperanza errada
del loco.
Eh... Soy yo
¿No me oyes...?
Perdido en la ciudad,
sólo quiero saber si estás bien.
Si te gusta el mar.
Eh... Soy yo
¿No me oyes...?
¿Qué tengo que hacer con el gato
que con las prisas te dejaste,
como a mí, olvidado?
Mañana por la mañana, vencidos, regresaremos el gato y yo
allí donde las gallinas no ponen y los geranios no dan flor.
Donde sin alegría
me encuentran los días
mirando la vía
del tren.
Me duele, en el bolsillo,
la foto, tan bonita,
de ti, de mí, la vaca
y el niño.
Eh... Soy yo
¿No me oyes...?
¿No me oyes...?
¿No me oyes...?